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Sven Hallarsson
Primer rezo registrado a Rhaor
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La plegaria se atribuye a Sven Hallarsson tras su encuentro con Rhaor. Se conserva como uno de los primeros testimonios devocionales dirigidos al Custodio y como memoria de la enseñanza que Sven recibió demasiado tarde: ver aquello que está frente a nosotros no significa haberlo mirado.
Plegaria
Rhaor,
cuervo de los velos,
guardián de aquello que vemos
y no siempre comprendemos:
Te vi tarde.
Te escuché en el rumor del viento,
pero no quise entender.
Vi al que nadie miraba.
Conocí su frío.
Reconocí su hambre.
Y seguí mi camino.
Ahora sé que la ceguera
no siempre nace de ojos cerrados.
Enséñame a mirar antes de juzgar,
a detener el paso antes de hablar,
a escuchar aquello que el silencio
no sabe decir en voz alta.
Haz que mi mente no sea torre,
sino ventana.
Que cuanto he aprendido
no se pudra en soberbia.
Que el conocimiento no me sirva
para justificar mi distancia,
sino para comprender lo que tengo delante.
Si alguna vez vuelvo a encontrar
al que nadie mira,
que mis ojos no pasen de largo.
Que recuerde que ver no basta.
Enséñame la observación sin orgullo,
la comprensión sin vanidad
y la sabiduría que acepta cambiar
cuando la verdad contradice lo que creíamos saber.
Y cuando comprenda,
no permitas que haga de la prudencia una excusa
para permanecer inmóvil.
Soy maestro, Rhaor.
Que nunca olvide
que saber no basta para enseñar,
ni enseñar basta para ser sabio.
Si aún merezco tu mirada,
déjala caer sobre mí
como una pluma silenciosa.
Que pese.
Que duela.
Y que, esta vez,
no cierre los ojos.