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Thorva

Plegaria testimonial

Primer rezo registrado a Thorva

Plegaria

Thorva,
niña que no tiembla,
madre del hilo que no olvida:

Aquí estoy,
atrapado en mi propia red.

No por ti.
Por mis actos.

Te he mirado en sueños.
Te he negado en la vigilia.
He sostenido la cuerda
mientras otros sangraban al otro extremo.

Ahora conozco su peso.

Enséñame, silenciosa,
a distinguir la cuerda que me arrastra
de aquella que todavía puede sostener.

Enséñame a mirar mis propios nudos
antes de llamarlos destino.

No te pido perdón.
No es tuyo para concederlo.

Y no sé si algún día
será mío recibirlo.

Te pido juicio.

Frío.
Antiguo.
Paciente.

Muéstrame lo que debo cortar.
Muéstrame lo que todavía debo sostener.
Y si algo de cuanto he roto puede repararse,
enséñame a poner mis manos en ello.

No borres lo que hice.
No desates por mí lo que yo mismo até.

Si he de cargar con ello,
que su peso no sea excusa para permanecer inmóvil.

Si aún queda tela por tejer,
déjame usar mi sombra como aguja
y mis actos como hilo nuevo.

No vengo a exigir salvación.

Vengo a decidir
qué haré con la cuerda que todavía sostengo.

Que mis manos no tiemblen al cortar.
Que no vuelvan a cerrarse sobre un cuello.

Que sostengan.

Que reparen.

Y cuando encuentre un nudo hecho por mis propias manos,
que tenga el valor de llamarlo por su nombre.