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Primer rezo registrado a Vaskir
Serpiente Dorada,
la que deja su piel sobre la tierra:
No vengo a pedirte
que apartes de mí el cambio.
Vengo porque mi antigua forma
ya no puede llevarme más lejos.
Enséñame a reconocer
lo que ha cumplido su tiempo.
Que no llame refugio
a aquello que sólo temo abandonar.
Que no desprecie la piel que dejo,
pues también ella me guardó.
Pero si ya no puedo crecer dentro de ella,
dame voluntad para mudarla.
Muda mi piel, aunque duela.
Si llega el dolor,
que no lo confunda con castigo.
Si llega el miedo,
que no lo tome por señal de regreso.
Si he de perder algo en el tránsito,
enséñame a llorarlo
sin seguir sus pasos hacia atrás.
Vaskir,
que el veneno no sea buscado,
ni la herida venerada.
Que aquello que deba atravesar
no me enseñe a amar el sufrimiento,
sino a reconocer el cambio.
No me prometas la forma siguiente.
No necesito conocerla todavía.
Pido solamente conservar el paso
mientras la antigua cae.
Que mis manos no recojan
la piel que ya dejé.
Que mis ojos no confundan
lo conocido con lo necesario.
Y si por un tiempo
no soy aquello que fui
ni alcanzo todavía aquello que seré,
permíteme permanecer en medio.
Sin vergüenza.
Sin prisa.
Sin regreso.
Vaskir,
hazme leal al transito.