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SECUENCIA II

Entrada 1

Voz · Brado

No sé cuánto tiempo pasó desde que llegamos aquí.

Pero necesitaba escribir algo.

Aunque nadie vaya a leerlo.

Aunque termine muriendo en este lugar.

Necesito recordar.

Esta mañana todavía estaba trabajando.

Eso es lo más difícil de entender.

Todo parecía normal.

Las rutas seguían llenas de barro por la lluvia de anoche y el viejo Deren volvió a quejarse porque uno de los paquetes llegó húmedo.

Como siempre.

Recuerdo haber pensado que debía reorganizar las cajas antes de salir hacia la ruta del oeste.

Eso era lo importante hace unas horas.

Cajas.

Cartas.

Sellos.

Después apareció la luz.

No cayó del cielo.

No abrió la tierra.

Simplemente…

estaba ahí.

Como si alguien hubiera rasgado el aire.

Roja.

Demasiado roja.

Y entonces comenzaron a salir.

Hombres.

No…

algo parecido a hombres.

Armaduras negras.

Símbolos que no entendí.

No gritaban como bandidos.

Ni actuaban como soldados normales.

Parecían…

preparados.

Como si ya hubieran hecho esto antes.

Muchas veces.

La gente tardó demasiado en comprender.

Al principio todos miraban.

Algunos incluso pensaron que eran comerciantes.

Después empezaron los gritos.

Recuerdo a la vendedora de fruta caer cerca de la fuente.

¿Cómo se llamaba? ¿Lya... Lyna?

Alguien intentó correr.

Lo atravesaron sin detener el caballo.

Ni siquiera voltearon a verlo después.

Eso fue lo que más miedo me dio.

La facilidad.

Escuché a alguien decir que estaban capturando gente.

Hombres y mujeres.

Todos.

Como ganado.

Pude irme.

Creo que sí pude.

Había un callejón abierto detrás del almacén.

Nadie me estaba mirando todavía.

Y entonces vi a la niña de Sarah.

Estaba llorando mientras su madre intentaba levantar a alguien del suelo.

Creo que era el padre.

No se movía.

Uno de los soldados estaba justo sobre ellas. Les cortaba el paso. Vi cómo el hombre de armadura negra levantaba su arma.

No pensé demasiado.

Tomé una barra de hierro del carro de herramientas y corrí.

Ni siquiera recuerdo haber gritado.

Solo recuerdo el sonido.

El golpe contra la armadura.

Sarah mirándome como si no entendiera lo que acababa de pasar.

Les dije que corrieran.

Eso sí lo recuerdo.

“Corran.”

No sé si escaparon.

Quiero creer que sí.

Necesito creerlo.

El soldado no tardó en levantarse.

Mucho más rápido de lo que pensé.

Me golpeó antes de que pudiera correr.

Ni siquiera sentí dolor al principio.

Solo el suelo.

Después el peso.

Sus manos alrededor de mi cuello.

Recuerdo intentar respirar.

Intentar moverme.

No podía.

Escuchaba gente gritando alrededor, pero todo empezaba a sonar lejano.

Como debajo del agua.

Pensé que iba a morir ahí.

Y honestamente…

creo que una parte de mí quería que terminara rápido.

Entonces alguien habló.

Una voz distinta.

Más calmada.

El soldado se detuvo.

No porque quisiera.

Porque obedeció.

Nunca vi bien el rostro del hombre que dio la orden.

Solo recuerdo los ojos.

Y la forma en que me observó.

Como si estuviera evaluando una herramienta rota.

Después me arrastraron con los demás.

Había demasiada gente.

Busqué al viejo Deren, a Kael, a cualquiera de mis compañeros de ruta, pero no vi a ninguno.

Veía rostros del mercado, conocidos de vista, pero todos estaban deformados por el terror.

Llorando.

Rezando a gritos en medio del caos.

Y luego…

la luz roja otra vez.

Sentí que alguien me arrancaba el aire de los pulmones.

Como si el mundo me doblara por la fuerza.

Recuerdo frío.

Un sonido imposible.

Como cientos de voces hablando al mismo tiempo.

Todos hablando, pero no podía entender nada.

Gruñidos.

Cadenas.

Algo llorando... o riendo.

Y después…

nada que pudiera reconocer como hogar.

No sé dónde estoy.

No sé qué quieren de nosotros.

No sé si volveré a ver mi casa.

Pero si alguien encuentra esto algún día…

quiero que al menos quede escrito que existimos.

Que estuvimos aquí.

Que no entramos voluntariamente en esa luz.