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SECUENCIA I

Voz · Gerel

Mi padre decía que los cazadores debían descansar cuando el cielo se volvía negro.

“No es miedo”, repetía. “La noche protege a quienes saben escucharla. Pero también alimenta a aquello que tiene hambre. Y todos tienen derecho a comer del tonto.”

Yo odiaba escucharlo hablar así.

Siempre tenía una advertencia para todo.

No corras demasiado lejos.

No sigas huellas viejas.

No bebas agua quieta.

No silbes cuando el bosque guarda silencio.

A veces pensaba que simplemente quería mantenerme asustado para que nunca dejara de necesitarlo.

Recuerdo que una vez le grité.

Le dije que si seguía viéndole peligro a todo jamás sería un verdadero cazador.

Él no respondió.

Solo siguió limpiando su cuchillo junto al fuego.

Hoy daría cualquier cosa por volver a escuchar esa voz diciéndome qué hacer.

Porque ahora el cielo siempre es negro.

Y ya no queda nadie para advertirme cuándo debo esconderme.