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SECUENCIA I

Voz · Tuzard

Maldito sea Nashnu.

Malditos sean sus discursos.

Sus promesas.

Sus puertas.

Su orgullo.

Nos dijo que el rey quería destruirnos.

Que solo nosotros comprendíamos el verdadero futuro del reino.

Que el castigo era una mentira construida por cobardes aterrados de su grandeza.

Y yo le creí.

Los interrogadores preguntaban nombres.

Preguntaban quién compartía sus ideas.

Quién financiaba reuniones.

Quién repetía sus palabras en privado.

Quién hablaba contra Munir.

Yo tenía miedo.

Eso es todo.

Miedo.

No quería cruzar solo la Puerta.

Así que hablé.

Nombré a mi hermano.

A mi esposa.

A los sirvientes que cenaban conmigo.

A la familia de mi esposa.

Incluso nombré a hombres que apenas conocía porque pensé que tal vez ellos también ya habían dicho mi nombre.

Me dije que sobrevivir juntos era mejor que morir separados.

Maldito imbécil.

Ahora mis hijos no dejan de llorar.

Mi mujer tiembla incluso dormida.

El aire de este lugar nos enferma.

Todo aquí está húmedo.

El barro se pega a la piel como carne podrida.

Las noches huelen mal.

Y el cielo…

el cielo parece estar muerto.

A veces escucho a los soldados repetir que construiremos algo nuevo aquí.

Que resistiremos.

Que somos pioneros.

Quiero arrancarles la lengua.

No hay futuro en este lugar.

Solo hambre.

Lluvia.

Y esa sensación constante de que algo nos observa desde la oscuridad.

Anoche mi hijo menor preguntó cuándo volveríamos a casa.

No supe qué responder.

Creo que por primera vez entendí que no fuimos enviados aquí para sobrevivir.

Fuimos enviados aquí para desaparecer.

Debo dejar de escribir esto.

Si alguien encuentra estas palabras y descubre lo que pienso de Nashnu, terminaré colgado antes de que llegue el invierno.