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Voz · hombre que escribía para recordar
Debo escribir esto antes de dormir.
Si no lo hago… mañana algunas partes ya no estarán.
El médico decía que poner las cosas en papel ayuda.
Que los recuerdos necesitan peso.
Algo donde quedarse cuando la mente empieza a romperse.
No sé si realmente funciona.
Pero todavía recuerdo mi nombre.
Así que quizá sí.
Apoyé al príncipe Nashnu porque hablaba de cosas que otros hombres evitaban nombrar.
Los médicos siempre parecían cansados cuando me veían.
Como si ya hubieran decidido qué clase de hombre sería yo dentro de unos años.
Olvidar caminos.
Olvidar palabras.
Olvidar rostros.
Todo lo describían con voces suaves, como si hablar despacio volviera menos terrible lo que me estaba ocurriendo.
Pero Nashnu hablaba diferente.
Decía que el conocimiento no debía temerle a lo imposible.
Que el ser humano podía convertirse en algo más.
Que el rey Munir había condenado ideas enteras al silencio.
Y yo…
yo quería creer que existía algo capaz de detener lo que estaba pasando dentro de mi cabeza.
Ahora estamos aquí.
Y este lugar empeora todo.
Hay días en que olvido conversaciones enteras.
A veces despierto convencido de que sigo en mi casa.
Otras veces miro a mi hijo menor y necesito varios segundos para recordar su nombre.
Él intenta fingir que no lo nota.
Eso me rompe más que el dolor.
Por eso escribo.
Porque las palabras parecen durar más que nosotros.
Una voz desaparece.
Un rostro cambia.
Una memoria se pudre lentamente dentro de la cabeza.
Pero las palabras…
las palabras permanecen quietas.
Esperando.
Quizá eso somos realmente.
No el cuerpo.
No la sangre.
No el nombre.
Tal vez una persona es solo aquello que logra dejar dentro de otro antes de desaparecer.
Si mañana olvido quién fui…
quiero al menos dejar algo escrito que demuestre que alguna vez estuve aquí.